Crónica del XI Encuentro Feminista Latinoamericano y de El Caribe (Ciudad de México, del 16 al 20 de marzo 2009)
Secretaria Trans de ILGA
En el primer dia del Encuentro nos apostamos temprano a la entrada, las asistentes se alinearon ordenadamente en la puerta de entrada del Ex Convento Regina. De pronto empezamos con un grupo de feministas a corear algunos lemas: “Alerta, alerta, alerta, que caminan travestis feministas por América Latina”; “Hay que ver este gobierno, las vueltas que da, con travestis, mujeres que caminan pa’ delante, y un gobierno que camina pa’ atrás”; “Se sabía, se sabía, prohíben el aborto los curas abusadores de menores”; “A la Iglesia Apostólica y Romana que se quiere meter en nuestras camas, le decimos que si nos da la gana de ser putas, travestis y lesbianas”; y asi siguió el jolgorio hasta que ingresamos a las instalaciones y nos ubicamos para la primera plenaria.
Asistimos con cierto recelo ante la incertidumbre de cómo seríamos recibidas, pues sabíamos que nuestra presencia generó gran polémica en la anterior edición del Encuentro. Nos pareció oportuna la autocrítica que se lanzó a través del personaje de “La Pollito” por las deficiencias en la organización del evento y luego la subida al escenario de compañeras identificadas como las “Feministas Autónomas” que nos pareció un ejercicio de pluralidad y respeto a la divergencia.
Con el correr de las horas y los días fuimos sintiendo el Encuentro Feminista nuestro espacio. Inicialmente nos preguntamos si estábamos en el lugar indicado, si tendríamos buena vibración con las asistentes al encuentro. Realmente lo sentimos nuestro porque creemos que es un espacio vivo, no es un espacio acabado, definitivo y cerrado. Insisto, creemos que es un espacio vital de lucha básicamente, de diálogo, discusión, investigación, cuestionamientos a la desigualdad; de propuestas, de sueños, de inclusión, de aportes a la construcción de un mundo nuevo con respeto a la condición humana y donde se den plenamente la igualdad, la justicia, la libertad, la solidaridad; consignas de lucha que en muchas etapas de la historia universal aunaron al movimiento social, en el que participaron las mujeres con ilusión y luego fueron dejadas de lado, después de entregar todo su potencial de cambio; volviéndose a instalar el poder patriarcal que mediatiza, oprime y limita nuestras vidas.
Algunas compañeras trans con las que nos encontramos en el encuentro, Tatiana de Chile, Sharloth de Nicaragua y la propia Lohana Berkins, fueron increpadas y fue cuestionada su presencia por algunas compañeras autónomas, que eran un grupo reducido que expresaba su discrepancia. Esto motivó que la compañera Tatiana declarara a los medios de comunicación que estaban en el encuentro su malestar porque consideraba aquellas actitudes una conducta discriminatoria y una afrenta a sus derechos. Aquellas declaraciones no las compartimos porque consideramos que el encuentro es básicamente un espacio entre otros de discusión y polémica.
En pasajes de las plenarias y de los grupos de discusión se transversalizó el tema de los fundamentalismos, que si bien nace en el ámbito de lo religioso, este concepto se extiende a lo económico, científico, cultural, etc. Aunque nace en la mente del sujeto dominante, se filtra en la dominada, elimina la pluralidad, reemplazando libertad por uniformidad. El feminismo ha incorporado definitivamente el movimiento de la diversidad incluyendo a lesbianas, bisexuales personas trans e intersex. Los derechos están ganados, ahora se trata de ejercitarlos.
La última plenaria fue particularmente significativa, luego de verse las propuestas y estrategias feministas, se abrió un espacio para que los distintos grupos que se dieron cita en el encuentro hicieran uso de la palabra para dar a conocer sus declaraciones. Desde el día anterior las activistas trans habíamos estado coordinando una declaración que la leeríamos en esta ocasión. Nos antecedieron varios grupos: las afrodescendientes, las jóvenes, las lesbianas y bisexuales, y nos siguieron las trabajadoras del sexo, las periodistas, etc. Hubo ovación a nuestra presencia y con ello se selló nuestra pertenencia al movimiento feminista. Nuestros temores se disiparon, nuestras expectativas fueron largamente colmadas, pues en este proceso de crecimiento y fortalecimiento del movimiento feminista se unen todos los frentes contra los fundamentalismos y se hace causa común contra toda forma de discriminación. Se comprende que en esta lucha la población trans puso no solo el deseo iconoclasta sino también el cuerpo contra los designios del patriarcado.
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